Tengo una buena marca y por tanto un buen branding”. Frase errónea. Para que todos nos entendamos, el branding dota a la marca de características humanas reconocibles, es decir, es la personalización de una marca. Con esta acción, que suena a poción mágica, estamos intentando gestionar adecuadamente una marca.

¡Stop! ¿Marca y branding? Refresquemos conceptos

Para que no nos liemos, quizás deberíamos explicar lo que es una marca. Porque no es lo que tienes en la cabeza, no es un logo, no es un packaging, ni una campaña publicitaria.

Una marca es lo que los demás piensan que eres. Se trata de una percepción que tus clientes o posibles clientes han creado en su mente gracias a tu comportamiento, a tu interacción con las personas, a los sentimientos que despiertas y a cómo hablan de ti. Por tanto, es necesario construir ese impacto, protegerlo, crear expectativas y materializarlas.

“No cogemos los valores que nos gustan, los metemos en una caja, removemos y sale nuestra estrategia de branding”

Es aquí donde entra en juego el branding, que no es más que crear ilusión gracias a las expectativas que hemos marcado y hemos intentado hacer realidad para generar así un vínculo estrecho con nuestra marca. Por eso, la gestión de las percepciones emocionales es la clave estrella del branding, conseguir el cariño que queremos para nuestra marca. A fin de cuentas, muchas veces compramos algo más por el sentimiento que nos produce, que por su utilidad en sí.


Pero, todo esto tiene un proceso. No cogemos los valores que nos gustan,los metemos en una caja, removemos y sale nuestra estrategia de branding. El branding se cuece a fuego lento, es un camino que va más allá de engendrar un manual de identidad visual, un plan de marketing, etc.

¿Cómo se crea una estrategia de branding?

El ejercicio de escucharnos a nosotros mismos para entender qué somos y qué queremos, solemos practicarlo pocas veces. Pues bien, el branding consiste exactamente en eso, en pararse a observar y a escuchar lo que nuestro proyecto tiene que decirnos, para después, mirar alrededor y analizar lo que nos diferencia de los distintos actores que desempeñan actividades similares. Ahí fuera hay muchos iguales que nosotros, pero la forma de diferenciarse existe.

Un error habitual en esta fase inicial es no hacerse las preguntas adecuadas, confundirse en las conclusiones, y no saber observar el medio. Hacer del éxito del otro una copia para nosotros mismos, no es precisamente diferenciarnos, y mucho menos crear branding.

Puede resultar irrisorio, pero es cierto que un proyecto sale adelante fijándonos en las cosas simples que pasamos por alto, como parar a autoconocernos

Para crear tu marca, hay que conocerse mucho

Perfectamente podemos trasladar esto a una conversación con alguien que acabas de conocer. Le preguntas sobre su vida, sobre sus gustos y aficiones. Le invitas a salir, compruebas cómo se comporta en otros entornos… y así empiezas a saber más sobre ese ser que ha llegado a tu vida.

Este es ejercicio se debería hacer cada vez que alguien confía en profesionales para su estrategia de branding. El objetivo está en ayudar a conocerse a sí mismo, preguntando al equipo, a los asociados, al receptor final. Y cuando ya se sabe todo del cliente, enfrentarlo a su ecosistema profesional, para entender el lenguaje que se habla en su sector, y ayudarle a ser completamente único y diferente.

Al final, todo comienza por alejarnos de terminologías, de programas de diseño, o de conclusiones de revista de tendencias. Las marcas que realmente se recuerdan, solo se crean si somos capaces de empatizar con lo que somos, con lo que son los que nos rodean, y con lo que queremos ser.

En definitiva, el late motiv es que el vínculo estrecho que se crea con los sentimientos ocurra, pero de forma sincera con nosotros mismos.

Escrito por:

Fran Contreras
Fran Contreras

Co-Founder en Blubber, agencia especializada en branding.

Categorías: Guest Blogger

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